Hijo, ¿por qué no te haces del Athletic?

El Athletic de Bilbao es un club sumamente especial, fui consciente de ello desde que era un niño. Sentir amor y respeto por los Leones sería algo común de haber crecido en plena Dendarikale, pero se torna algo más inusual al nacer exactamente a 644 kilómetros de la Catedral.

Creo firmemente que durante la infancia y juventud de uno ocurren muchas de las cosas que más te marcan en tu vida, mi padre es del Athletic porque le marcó la garra, la fortaleza y la determinación de los Leones. De pequeño te haces de un equipo por un motivo u otro, “hacerse” implica un sentimiento de pertenencia precioso en toda la dimensión de la palabra. Simpatizamos con un equipo gracias a sus futbolistas, ya que son lo primero que nos cautiva. A veces, ellos mismos olvidan la importancia que tienen y no me refiero a Balones de Oro o sueldos millonarios, sino al ejemplo que dan a los niños como símbolos. El escudo, colores y la filosofía son sagrados, sí, pero mientras jugamos en la calle con un balón despellejado y dos mochilas como portería siempre nos sentimos como nuestro jugador favorito. En la década de los setenta y los ochenta muchos de esos niños, dentro y fuera del País Vasco, se sintieron Iribar, Goikoetxea, Rojo o Dani. Ese fue el gran triunfo del Athletic, consiguió transcender en toda una generación de chavales. Mi padre fue uno de ellos.

Todavía tiene el chándal Kappa del Athletic, que lucía con orgullo por el pueblo a principios de los noventa y con el que fue confundido con Andoni Lakabeg. Llegó a firmar hasta autógrafos, mientras yo daba de comer gusanitos a los patos. En los noventa, resistirse a la tentación de ser del Madrid o Barça era poco menos que un milagro. Yo caí, a pesar de la insistencia de mi padre y de que no paraba de hablarme de las bondades de un tal Julen Guerrero, el desborde de Etxebe o el pasado albacetista de Isma Urzaiz. Incluso cometía la osadía de decirle a la gente que yo también era del Athletic y sonreía divertido cuando le corregía enfurruñado… Hasta sentirme culé, recorrí varios equipos e incluso llegó a apasionarme el Celta de Mostovoi o Karpin, mientras tanto mi padre solo consiguió  arrancarme la promesa de que el Athletic siempre sería mi segundo equipo. Él quería que yo sintiera lo mismo, algo que hace falta vivirlo para poder explicarlo. ¿Cómo inculcar una pasión por muy grande que sea? 

Para mí, esta noche es especial ya que se juega un Athletic-Barça y ahora mi padre también es un poquito culé. Quiero creer que en parte es por mi culpa, que me he salido con la mía y al igual que de pequeño él puso todo de su parte para que un trozo de mi corazón sea bilbaíno, yo he hecho lo mismo para que disfrute cada vez que juega el Barça. Aunque sin duda el juego de Andrés y Leo, me hayan ayudado a llevar a cabo mi pequeña venganza. Por ese motivo, me da igual el resultado de este partido. Y sé a ciencia cierta, que a él le pasa lo mismo.

Ojalá en las gradas del nuevo San Mamés o en cualquier parte del mundo haya un padre intentando convencer a su hijo o hija, mientras ven juntos el partido, de que se haga del equipo que a él le hechizó en su infancia ya que en ese proceso nacerá su amor por el fútbol y la unión entre ambos.

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Zapatones.

“La palabra fútbol en el diccionario tendría que llevar al lado la foto de Luis. Luis es el fútbol hecho hombre, el fútbol hecho persona”.

Una de las cosas más difíciles de ganarse en el mundo del fútbol, y en la vida misma, es el respeto. Don Luis Aragonés, el Sabio, se lo ganó a pulso gracias a su arrebatadora personalidad y genialidad demostrada a lo largo de toda su trayectoria. Como jugador, forjó su leyenda en la rivera del Manzanares; y como entrenador ayudó, entre otras cosas, a cambiar la filosofía y mentalidad de toda una nación.

En esto del fútbol, siempre he tenido muy en cuenta la opinión de mi padre. Observaba sus reacciones cuando se hablaba de un futbolista u otro, su opinión era para mí una sentencia. Calaba a la gente como nadie, con Luis Aragonés tampoco se equivocó. “Con este hombre se debe tener paciencia, este tío sabe de lo que habla.” Eso fue lo que me dijo tras preguntarle su opinión acerca del linchamiento que llegó a sufrir al ponerse al frente de la Selección. Yo asentí, desde ese momento siempre creí en ese hombre que tanto me recordaba a mi abuelo.

El Sabio estaba al frente de la Selección en el Mundial de Alemania, tras caer eliminados en ese torneo y realizar una decepcionante fase de clasificación para la siguiente Euro predominaba el hastío y el abatimiento…

Eran tiempos oscuros en los que entrenar a la Selección suponía una tortura, una lenta agonía hacia una eliminación prematura…

En esos momentos, don Luis tomó una de las decisiones más polémicas de toda su carrera: dejar de convocar a Raúl. Los grandes técnicos deben ser capaces de tomar las decisiones más difíciles e ir hasta el final con sus convicciones, en eso el Sabio era el mejor.

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Austria fue el comienzo de todo, el inicio de una época gloriosa de la Selección o la Roja, como él mismo bautizó. Su ejército de bajitos dejó al mundo del fútbol con la boca abierta durante la fase de la clasificación, hasta que llegó Italia y todos pensamos que ya habíamos visto esa película muchas veces porque no teníamos derecho a soñar.

Luis Aragonés sabía que sus chicos comenzarían esa tanda de penaltis siendo una selección y que la acabarían convertidos en un equipo. También sabía que Fernando le ganaría la carrera a Philipp Lahm y batiría a Lehmann, de hecho se lo dijo antes del partido arrinconándolo en un pasillo y cogiéndolo del pecho: “Es nuestro momento, Niño. Va a salir usted ahí fuera, va a marcar dos goles y vamos a ser campeones.”

Luego le dejó ir para que hiciese historia, tras hacerle la señal de la cruz.

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Leer la opinión de los profesionales que tuvieron la suerte de conocerlo, emociona. Hablan de un tipo honesto y auténtico, que quería que los futbolistas fueran vestidos de futbolistas y los entrenadores llevasen chándal. Hablan de un Sabio que prefería que le llamasen Zapatones y que no permitía que nadie osara pisar el escudo de su Atleti. Hablan de un tipo que sólo sabía ganar y ganar y volver a ganar.

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El dueño de la batuta.

“El talento, siempre gana al físico. El día que eso no ocurra, la cagaremos, porque este juego será muy aburrido”

Tengo la sensación de que escriba lo que escriba, no estará a la altura. Es una tarea titánica escribir sobre Xavi Hernández y que el texto refleje todo lo que él representaba para mí en un terreno de juego. Después de esta disculpa preventiva, os prometo que intentaré transmitíos lo que significa para mí este descomunal jugador de fútbol.

Fui detrás de un partido muchos años y afortunadamente hace unos meses conseguí hacerme con él. Tenía mucha curiosidad por verlo de nuevo, para apreciar las diferencias y analizar todas las acciones que pasaron desaparecibidas a los ojos de un niño de nueve años.

Esa era la edad que tenía cuando vi en directo, el primer partido que recuerdo de Xavi.

También fue la primera vez en mi vida que trasnoché, ya que a las dos de la mañana en España comenzó la final de los Juegos Olímpicos de Sidney entre España y Camerún. Mi esfuerzo tuvo una recompensa temprana, antes de que el luminoso marcase los dos minutos de partido se adelantó nuestra selección. El autor del tanto fue un chico que no podía tener menos pinta de futbolista, lucía un peinado pasado de moda y carecía de todo tipo de gracia para celebrar los goles. Se llamaba Xavi y ya llevaba el dorsal “8”. El partido acabó con derrota por penaltis, perdieron el oro olímpico y yo gané un referente.

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Los últimos años de los noventa y los primeros del nuevo milenio, fueron deportivamente muy oscuros para él. Alternó el filial con el primer equipo, siendo decisivo en Pucela y salvando a aquel pintoresco entrenador holandés que le había hecho debutar. El fútbol fue muy ingrato para él durante esa época, también para Puyi o doble V. Esa generación no tuvo la suerte de la que sí gozó la del ’87, estos últimos llegaron en volandas a un equipo acostumbrado a la gloria, sin embargo Xavi, Carles, Víctor los demás canteranos que finalmente se rindieron tuvieron que trabajar para construirla. Algo que todavía agranda más su leyenda ya que en esos días era más fácil marcharse, él se quedó sin importar el precio a pagar.

Llegó el Gaucho y con él la sonrisa, las victorias, los títulos… Xavi comenzaba a ser importante, tras demostrarle a otro holandés (malditos holandeses) que podía ser el dueño del medio del campo culé y heredero de toda una dinastía de exquisitos directores de orquesta. Justo en ese instante, su rodilla se quebró. A la vez que se rompieron todas las esperanzas de los que pensábamos que Xavi por fin podría ser eso que llaman un TOP mundial. Calma, lo mejor estaba por llegar…

Luis y Pep, fueron los dos hombres más importantes en la carrera de Xavi. Ellos supieron ver antes que nadie el potencial del genio de Tarrasa, don Luis Aragonés le comenzó a tratar de usted y le nombró comandante en jefe de su ejército de “bajitos”. Con Pep, llevó el juego de posición y de dos toques a un nivel excelso. Siempre me gustó el juego de dorsales que tenía con su querido Andrés en el Barça y la Selección, el “6” y el “8”, la continua dualidad. Era como si nos quisieran decir: “Tranquilos, el medio campo es nuestro en toda su extensión”.

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Xavi era como el buen vino, mejoraba a cada año que pasaba. Un cerebro, la inteligencia llevada a la máxima potencia. No tenía un físico de atleta, por él ya corría el balón y la jugada iba a una velocidad infinitamente mayor en su cabeza. Los que leen el juego a ese nivel nunca han necesitado piernas, porque ya saben todo lo que va a pasar antes de que ocurra. El guardián de todo un legado, un futbolista en peligro de extinción.

No os quiero aburrir con estadísticas, números y grandes logros de su brillante carrera, iré directamente al momento en que se despidió del Barça. El 3 de Junio del año 2015, fue uno de los días más emotivos y duros que he vivido relacionados con este maravilloso deporte. Ese día en Barcelona, se le dijo adiós a “un capitán, un amigo, un compañero, un máquina” como bien recordó Andrés. Al ver la emoción en el rostro de Xavi tras recordar el barcelonismo de su abuelo, me vinieron a la cabeza mil imágenes suyas. Sentí rabia porque ese genio del fútbol mundial no tuviese un galardón a su altura, pero luego comprendí que ese sencillo chico que iba en metro todos los días a entrenar con un horrendo chándal gris Adidas había conseguido algo mucho más difícil.

Xavi había cambiado el modo de entender el fútbol desde el toque y la posesión. El respeto de todos los profesionales del fútbol mundial, era suyo.

Ese es su triunfo, su legado, lo que inculcará a todos y cada uno de los chicos que estén a sus órdenes en la Masía. Porque ese fue el único consuelo que me quedó aquel día de verano, la promesa que nos hizo el propio Xavi Hernández. “Espero que no sea un adiós, sino un hasta pronto”.

Juventus FC vs FC Barcelona

Magia.

“Qué difícil intentar salir ilesos de esta magia en la que nos hayamos presos”

Concha Espina está siendo un auténtico hervidero estos últimos meses, todo ha ido de mal en peor en la Casa Blanca desde que Sergio Ramos alzara al cielo de Kiev la decimotercera Copa de Europa. Trofeo que tapó infinidad de carencias y propició precipitadas huídas, el Real Madrid quedó huérfano de leyendas. Cruel ironía, que el máximo torneo continental sirva para anunciar el ocaso de una era que comenzó a gestarse en Europa. Al menos, eso debió pensar Florentino Pérez mientras miraba con la cara descompuesta como Zidane y Ronaldo salían por la puerta de atrás vaticinando lo que estaría al llegar.

En crisis cómo estás, se necesitan referentes. La afición ansiaba agarrarse a alguien, divinizar a un jugador, darle el cetro que había portado Cristiano todos estos años… Llegado ese punto, el Bernabéu coreó el nombre de Isco. Tras ser de lo poco salvable en Rusia y con el aval del recién llegado Lopetegui en el banquillo, el de Arroyo de la Miel parecía tenerlo todo a su favor. Todo se torcería poco después de que tras otra brillante noche europea, en la que algunos cometieran el sacrilegio de comparar al Madrid de Lopetegui con el Pep Team.

Me fascina el apodo por el que conocen a Isco dentro de los terrenos de juego, Magia. No Mago, ni Mágico, sino Magia. Sustantivo, como para dejar claro que él representa todo el concepto al completo. Magia tuvo apendicitis y para cuándo quiso regresar ya nada era igual, empezando por él mismo. El Real Madrid se convirtió en un equipo vulgar, capaz de perder contra cualquiera y paseando la desidia propia de un gigante cansado de ganar por cualquier campo que pisaban. Obligaron a Isco a jugar en el Camp Nou fuera de forma y con las cicatrices de la operación todavía tiernas, contra once bestias blaugranas dispuestas a morir por su capitán ausente. El resultado de ese partido fue el fin de Lopetegui y el de Isco, con un severo manotazo de por medio.

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Isco es de esos jugadores que necesitan cariño para volver a encontrarse. Cariño y balón, sobre todo al balón. Solari llegó exigiendo cojones y alineando a una horda de jugadores que hacían del Real Madrid un equipo pequeño, valiente hipócrita. Relegó a la magia al ostracismo, buscando únicamente el resultado y demostrando que no es un capitán para un trasatlántico de esta envergadura. Isco lo supo desde el primer momento, su certeza era tan grande que pronto se apagó y se convirtió en la triste figura que vemos en el verde, los pocos minutos que Solari le concede.

Magia veía como nada a su alrededor funcionaba, no le apetecía jugar y ninguno de sus trucos salía bien. Estaba tan desquiciado que renegó hasta de su propia afición, esa que tanto le había encumbrado. El “22” sabe que mientras esté cautivo de este entrenador, nunca volverá a ser el mismo.

Solari pasará sin pena ni gloria por este club, pasada esta oscura etapa nadie se acordará de Vinicius, Brahim, Cristo… Tampoco se explicarán cómo Magia se les escapó de los dedos entre conspiraciones arbitrales y excusas.

Con el tiempo no podrán entender como en una época en la que estaban tan necesitados de un héroe, dejaron escapar al mejor jugador de fútbol de su equipo. Se maldecirán mil veces, pero para entonces ya será tarde, Magia ya se habrá ido.

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La apatía del mago.

Podemos definir apatía como la falta de motivación, emoción o entusiasmo. Este término psicológico se usa para catalogar a los individuos que no responden a ningún aspecto de la vida emocional, social o física. Es un estado mental, que acaba afectando al cuerpo y se puede llegar a convertir en enfermedad; una especie de depresión de la que es muy difícil salir y que termina por afectar al ánimo de las personas que rodean a la persona “contagiada”.

Estoy convencido de que es lo que le sucede a Philippe Coutinho. 

Me gustaría romper una lanza en favor del brasileño, ya que en algunos períodos de mi vida yo también me he visto abocado a esa horrible sensación. Se lo que se sufre estando en el fondo de un pozo y que nada te motive para salir de él. Viendo el encuentro que realizó el jugador brasileño en el Ciutat de Valencia, lo más lógico es que se le critique (yo lo hice el primero) y que se tengan razones fundadas para hacerlo. Perdió diecisiete balones, algo que es poco menos que un sacrilegio cuando tu rol es el de centrocampista del Barça. Por si fuera poco y además de todos esos errores no forzados, a Coutinho le faltó la raza que mana a borbotones del cuerpo de su compañero Arturo Vidal para enmendar los fallos que cometía. El aficionado puede perdonar el desacierto, pero nunca habrá misericordia para la dejadez.

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Cada jugador es un mundo, pero la mayoría de ellos son muy egoístas. Todos quieren jugar, muchos piensan que son los mejores en su puesto y la mayoría se indignará en el caso de no tener los minutos que según ellos merecen. El factor diferencial y lo que distingue a unos jugadores de otros, es la manera en la que afrontan todas esas crisis que a lo largo de una carrera profesional terminan llegando de manera inevitable. Coutinho está en el peor momento desde que llego, hace justo un año, a Barcelona. Sé lo que pasa por su cabeza, él siente que todo está en su contra y que nada le sale bien. Sabe de lo que es capaz, pero su cuerpo no le responde como acostumbraba. Es una pescadilla que se muerde la cola, el fallo lleva al cabreo, el cabreo a la desesperación, la desesperación a la frustración y finalmente a la apatía. La nada, el zumbido en los oídos, la absoluta desconexión.

Hace poco escribí acerca de Dembélé y su caos, de los fallos que cometía fuera del verde y de la brutal campaña que se hacía desde Barcelona para darle salida con la venia del respetable. Dos meses más tarde, ese chaval de veintiún años decidió luchar contra la apatía. Desató su tormenta cabalgando por el pasto inmaculado del Camp Nou, dejando atrás rivales, dudas y bocas abiertas. Ousmane sabía que él y Coutinho se estaban jugando un lugar en el once, porque los dos juntos nunca podrían coexistir ya que Leo y Luis son innegociables arriba. El mago brasileño se quedó trotando, mientras que el joven galo avanzó imparable hacia la titularidad.

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No debe de ser fácil afrontar todo eso, sobre todo si eres un chico tímido acostumbrado a maravillar siempre y a ser un líder sin siquiera tener la necesidad de alzar la voz. Quizás puedo llegar a entender porque él ve tan injusta su situación, ya que juega pocos minutos y lo hace rodeado del temido “plan B”. A pesar de todo ello, la única manera de sumar a Coutinho a la causa y volver a disfrutar de sus certeros disparos, su exquisita técnica y sus depurados pases, es que el mismo quiera derribar la puerta abajo. No depende ni de Valverde, ni del rival, depende de él.

En este punto de apatía, Coutinho es su peor enemigo. Que grite de rabia, que sea amonestado, que pelee cada balón, que fallé, que muerda… Pero sobre todo que se deje el alma por el escudo, porque no nos olvidemos que Philippe Coutinho es el traspaso más caro de la historia del Barça; y en un club por el que han pasado leyendas como Kubala, Cruyff, Maradona, Ronaldinho, Rivaldo o Romario, ese hecho no es baladí.

Coutinho debe entender la crítica, porque es justa, y en lugar de pensar que es la víctima formularse una única pregunta: ¿qué debo mejorar para volver a estar entre los once elegidos? Cuando eso suceda, volveremos a sonreír y a ver como esos tiros de interior al palo largo vuelven a ir a la escuadra y no al limbo. He intentado ponerme en tu lugar y no ser severo en la crítica como el cuerpo me pedía, Philippe, no ha sido nada fácil. Únicamente te pido a cambio que tú intentes ponerte en el de todos los aficionados culés y que antes de buscar culpables en las sombras recuerdes la magia que albergan tus botas.

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El dilema del hombre taciturno.

Pronunció una vez Thomas Stearns Eliot, que fue uno de los líderes del movimiento modernista en poesía, las siguientes palabras: “No harán muy grandes cosas los vacilantes que dudan de la seguridad”. Esta cita me viene que ni pintada para intentar explicaos mi visión sobre el caso de Ernesto Valverde y su continuidad en Can Barça.

Quiero dejar clara y meridiana una cosa, antes de todo lo que vais a leer a continuación, y es que para mí el Txingurri es un excelente entrenador de fútbol, un gran gestor de fútbol y un tipo tremendamente elegante. Pienso que el mayor enemigo de Ernesto, es él mismo. Una de sus mayores virtudes, la modestia, es a la vez su mayor defecto. Es un tipo tan templado, que lamentablemente siempre suele tender a dejarnos una sensación fría.

Para ser entrenador del Fútbol Club Barcelona es necesario mucho más. No basta con tener todas esas grandes cualidades que he citado anteriormente, además de muchas otras, sino que tienes que tener una fuerza interior. Un “algo”, espíritu, un carisma del que Valverde carece por completo. Evidentemente, no estoy reivindicando a los entrenadores que son personajes y por dentro están vacíos, futbolísticamente hablando. Pero sí creo que se debe tener la mezcla perfecta entre ser un sabio del fútbol y tener carácter o al menos demostrarlo de vez en cuando.

Las últimas declaraciones de Ernesto Valverde, confirman la actitud taciturna que ha demostrado desde su aterrizaje en el banquillo blaugrana el año pasado. En ellas, asegura que todavía no tiene clara su continuidad en el club culé. Da la sensación que para el es un auténtico martirio o tormento estar al frente de un equipo de esta dimensión. Entrenar día a día al que probablemente sea el mejor jugador de todos los tiempos, nunca puede ser una condena. Si realmente tiene tantas dudas, lo mejor para todos es que haga las maletas y abandone el Barça al finalizar la temporada.

La otra razón que se me ocurre para que Ernesto no confirme publicamente su decisión, es que quiere esperar un tiempo para ver como se encuentra el equipo. Algo que me parece tremendamente cobarde y ventajista por su parte, pero que conociendo la actitud reservada del técnico vasco a lo largo de este año, tampoco me extrañaría.

Ojo. Repito que me parece un gran entrenador y como habréis notado, no he hecho referencia en ningún momento a sus decisiones deportivas. No entro en si el Barça juega mejor o peor, si su estilo es más o menos vistoso, la parte de mérito que tuvo al levantar un doblete con un equipo desmantelado tras la marcha de Neymar y construyendo un bloque defensivo inexpugnable. Todo esto es muy debatible y sin duda da para otro post. Lo que no tiene discusión es que Ernesto Valverde ha dividido a la afición culé ya que ha cambiado el estilo de juego del club y eso en el Barça no es negociable, como tampoco lo es la Masía.

Miedo. Dudas. Indecisiones. 

Y lo peor, el recuerdo de una noche de Abril en Roma que todavía duele.

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El Lado Oscuro.

“El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti.” 

Debo reconocer, que el asunto del fichaje de Neymar por el PSG me pilló descolocado. Pensé que los déspotas franceses, o mejor dicho cataríes, nunca se atreverían a profanar la Santísima Trinidad culé. Ante mi sorpresa, y con la inestimable colaboración de Papá Ney, el “11” hizo las maletas y se convirtió en O’Rey de la ciudad del amor. Ese verano, mastiqué incredulidad, rencor y odio a partes iguales. Culpaba a Neymar, a su padre, a los dirigentes del PSG y a nuestra inepta junta directiva.

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Aquel Agosto fue un mes horrible que acabó con la humillación sufrida a manos del eterno rival en la Supercopa de España. Teníamos a un equipo desmantelado que olía a fracaso antes de empezar el proyecto, todo por culpa de 222 millones de euros. La temporada, como todo en esta vida, siguió su curso y gracias a la solidez y los resultados empecé a olvidar la traición de la que habíamos sido víctimas. El odio se convirtió en indiferencia y la indiferencia en regocijo, sobre todo después de las noticias provenientes de París que hablaban de un chico brasileño atrapado en una jaula de oro que estaba siendo eclipsado por un niño francés…

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Antes del Mundial, tomó fuerza otro rumor sobre Neymar. Algo que a mí me dolió más que la huida hacia París, se decía que próximamente se convertiría en la estrella del Real Madrid. Eso era algo más de lo que podía soportar ya que por mucho rencor que le guardara al jugador, sería de necios no reconocer que es un extraordinario pelotero. Sentí miedo al imaginar las cotas que el eterno rival podría llegar a alcanzar con el brasileño como su máximo estandarte. Pero algo cambio… Rusia sirvió para coronar mundialmente al chico parisino con el que Neymar comparte vestuario y los focos se alejaron del crack brasileño que ya no era la pieza más cotizada del mercado. Maldito destino, una vida alejándose de sombras que oscurecen su carrera.

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¿A qué viene esto ahora? Pensaréis. Pues viene porque las últimas noticias que nos llegan es que Neymar sabe que cometió un tremendo error marchándose de Barcelona, haciendo trizas el corazón de muchos barcelonistas y quemando todos los puentes posibles para un hipotético regreso. La gente que le conoce sabe que por sus venas corre sangre culé, aunque en su cuerpo tenga un tumor extirpable que únicamente se mueva por el dinero y que responde al nombre de Papá Ney. Suárez y Leo están haciendo todo lo posible porque su amigo vuelva, lo que parecía antes un imposible ahora ya no lo es tanto por el sencillo motivo de que al final los jugadores terminan jugando dónde quieren por muchas cadenas doradas que les impongan.

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Quise odiar a Neymar con todas mis fuerzas y durante algunos meses lo logré, aunque tras ver que los días de Dios se van agotando y que la “ousadia e alegria” serán más que necesarias en un futuro próximo la lógica está ganando al corazón. Poco a poco mi cabeza me invita a recorrer el camino del lado oscuro, mi subconsciente quiere comenzar a perdonar los devaneos de la figura brasileña y mi imaginación ya lo ve marcando goles con la elástica culé.

Primero fue el miedo, después la ira, luego el odio y finalmente el sufrimiento. Creo firmemente que para aliviarlo, Neymar debería regresar al Barça. Pedir disculpas a todos los aficionados culés y volver a deleitarnos con su magia. Lo reconozco, he sucumbido al lado oscuro. Y lo he hecho a pesar de las advertencias, de saber que la dignidad va ante todo y de que está prohibido no odiar al brasileño por todo el daño que nos hizo.

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Pero amigos, escribo esta blasfemia por una buena razón, la más poderosa de todas: el Barça. Neymar es uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo y, lamentablemente para todos los amantes de este deporte, Leo Messi no es eterno. Si queremos volver a conquistar la Galaxia, todos debemos conocer el lado oscuro para ponernos en la piel de Neymar y ayudarle a triunfar de nuevo con el Barça.